Una de estas tardes calurosas en nuestra ciudad, repleta de autos y motos, puede uno observar la actitud de los conductores gracias a la lentitud del tránsito. En medio del abrazo de los autos por todos lados, se me ocurrió mirar rostros y fachas de choferes.
Esperaba, pacientemente el turno para hacer el giro en una “fila única” según señalan las líneas del piso, de pronto se detiene un auto a mi lado obstaculizando el paso de los que no desean hacer el cruce; algunos pitos y palabras gruesas se escuchan. Sin embargo, esto no impide que otros sigan el mal ejemplo y se forma una segunda fila que también espera señal de cruce. Ya no miro como antes el carro, si es rojo o verde o si es plateado, mi reciente vecino, grasiento conductor sudoroso, masca chicle, no acepta mi mirada para no sentirse aludido volteando la cabeza al lado opuesto. Día a día he mirado a los conductores conchudos y todos son de baja categoría, al menos en su aspecto externo. Mi vecino de hoy es de mediana edad, como varios que por lo general no aceptan las normas de tráfico si les incomodan, sienten que son dueños de la vía porque tienen un auto recién comprado de esos que ahora se consiguen a plazos y que se pagan solo con la plata de las onces.
Otros que conducen autos de gama alta, se les nota a leguas, que les queda grande el carro y que el auto es de mejor categoría que ellos.
No hay escuela que enseñe modales y calidad personal, a pesar de que Pirri en TV pide inteligencia vial, uno se pregunta, en tales conductores si les queda espacio en la cabeza para un tris de inteligencia porque tampoco les cupo la educación.
Terminemos diciendo que ellas también son atravesadas, júzguese por su manera de pitar y su conducción agresiva.